Es jodidamente mona. Con el pelo corto, muy corto. Negro y corto. Nariz pequeña, como los ojos.
Es jodidamente mona. Llega tarde, la veo y no sé qué pensar. Sólo la miro y susurro: “es jodidamente mona”.
Y su acento al hablar español. Tan inglesita, menudita, moderna. Tan poquita cosa...
Es jodidamente mona.
No podría besar algo tan pequeño, se quebraría, ensuciaría.
Quebranta y censura la vida y el progreso del ser humano.
Por más que abra la ventana habrá alguien mordiéndome el cuello. Habrá alguien intentando arrancarme las pestañas.
Quiere que sea la mejor en algo que ni siquiera sé si sé hacer. Y yo sólo quiero desatarme y saltar por la ventana.
Hoy sólo me apetece gritar. Hoy sólo quiero salir corriendo.
She’s running out, she run, run, run..., que dirían Radiohead.
Aunque el hilo que me mantiene con vida se esté destensando y las sábanas estén ardiendo, parece que nada es suficiente.
El hielo se ha apoderado de la habitación y ahora el deseo se ha disfrazado de amistad.
Y a mí me apetece terriblemente un bukkake.
Es algo así como etéreo,
no encontrar la belleza ni en las letras ni en el trazo.